martes, 30 de diciembre de 2014

Ha sido 2014

2014, otros 4 números que se suman al casillero, otra hoja más en el calendario y otros 365 días que pasan más rápido de lo normal. Ha sido un gran año, ha sido un año largo y bonito, de alegrías y penas, como todos al fin y al cabo, pero cada número tiene algo especial. No hay que echar la vista atrás para recordar el 13, el 12 o el 11, si no pensar ya en ese 15 que está esperando en la puerta.

Otro año que se va lleno de recuerdos, lleno de experiencias buenas y también malas, como siempre. Ha sido un año de crisis, ha sido el año de la despedida del Presidente, de Adolfo Suárez, ha sido el año del cambio de Rey, histórico, ha sido 2014, y todos lo recordaremos.

Pero otro año más hay que recordar que ha sido un año grande, un año en el que he crecido más aún por si parecía difícil, pero eso solo se hace con los más grandes al lado, los que levantan después de una caída, el escudo permanente de la amistad por bandera. Ha sido el año de París, el año de experimentar, de averiguar, de saber, de ser sincero conmigo mismo y con el resto, ha sido el año de probar, de vivir y de soñar, ha sido 2014.

Ha sido el año de Madrid, de la capital, de la 015 y la 133, el año de Canarias, el año del desenfreno, del alcohol y lo que no lo es, de la fiesta sin control, las resacas interminables y los amores de una noche. Ha sido el año de los nuevos amigos que parecen amigos de toda la vida, de la convivencia, de las risas, de ser veterano, y el pateo por la capital del reino; ha sido 2014.

Ha sido el año de despedirse de casa, el año de decir adiós, de volver a casa por Navidad, como en el anuncio, y de disfrutar con los más grandes una fecha como la de mi cumpleaños. Ha sido el año de apreciar lo que realmente tenía en casa, lo que realmente vale y lo que me ha hecho llegar a donde estoy, desde las exigencias de mamá, hasta las discusiones con papá. Ha sido 2014.
Ha sido el año de las despedidas, de salir de la vida de quien quise y de quien no quise, de disculparme por los errores de hace tanto. Ha sido el año en el que he tenido que mirar hacia Londres para poder ver a mi José, el año en el que me caí de lo más alto, o la más alta y en el que decidí salir de la guardería y los juegos de papás y mamás, el año de decir los sentimientos a la cara y dejar de hablar más por sms; ha sido 2014.

Ha sido el año de ese verbo de la primera conjugación que no me gusta nada, no, no es ese que empieza por am…sino al revés, el que empieza por ma…, sí, el año de madurar, de pedir perdón, de asumir errores, de sentirme orgulloso de que lo que he sido, lo que soy y seré, y de afrontar el presente con 19 años, sin perder la esencia que me diferencia de los demás, ese niño de 5 años que sigue llorando cuando se muere Mufasa en el Rey León; ha sido 2014.

Y ha sido el año, ha sido por fin, ha llegado el de la ceja, el italiano, ha llegado la paz. Ha sido el año en el que uno vuelve a casa por abril, esas fechas de finales, en la que se vuelve al templo del madridismo un día cualquiera, una gran final y una carrera del Expreso de Gales te da otro título, pero sin duda, el verdadero título fue el abrazo de todos gritando “! Campeones, campeones!” después de tanto tiempo sin ver a nuestro Madrid juntos. Pero sin duda, ha sido el año inolvidable, el de la supercopa, sí, el del Mundialito de clubes, sí, pero hay algo que vence por encima de todo. Ha sido el 24 de Mayo de 2014, Lisboa, minuto 92, añadido, ha sido un centro de Modric y un remate de Ramos lo que nos hizo soñar, fue el gol de Bale en la prórroga lo que me hizo llorar en el Montaditos, fueron Cristiano y Marcelo y sobre todo Cibeles la que me encandiló esa noche hasta las 8 de la mañana. Fue la historia que tú hiciste y la historia por hacer, nada más que fue ese sentimiento, porque se puede cambiar de novia, de ropa, pero nunca de equipo, y es así. Ha sido el año de LA DÉCIMA.



Y es ha sido un año más para agradeceros uno a uno estar ahí a mi lado, como la mejor compañía que se puede tener, como los mejores amigos y la mejor familia que uno podría desear, por lo grandes que sois y lo grande que me hacéis. Espero un 2015 mejor que este 2014, por muy difícil que parezca.




Y nada más, 2014.

martes, 23 de diciembre de 2014

#19!

19. Ha pasado otro año más, otras miles de aventuras que contar a los que vengan detrás de mí y que recordar con los que están a hora. No puedo estar más feliz y orgulloso de quien soy y de cómo he llegado hasta aquí. La vida es un cúmulo de decisiones, es un camino a seguir en el que hay muchos obstáculos y muchos caminos que se cruzan pero pocos son los que se unen en mi camino, y aún menos los que se quedan.

19. Cada decisión ha sido un paso de gigante, una alegría o una tristeza de la que he aprendido más que en cualquier clase. Porque los mejores profesores son la familia, los amigos y todos los allegados que dejan su huella en mí, una huella que perdura aun cuando no están o cuando están muy lejos.

19. Siento mucho que aquellos que no supieron unirse en mi camino hayan tenido que dejarlo, han  dejado huella, pero se borra, la huella de la memoria perdura toda la vida, pero la huella en el corazón es muy difícil  de marcar. Sin duda su camino es el mejor sin mí, y el mío es mejor sin ellos, y jamás olvidaré lo que me han llegado enseñar.

19. Ha sido el año de la mayoría de edad, ha sido el  año de Madrid, de dejar el nido, de dejar atrás a todo, a la familia, a los amigos, a los recuerdos, que han forjado todo lo que soy, levantarme cada mañana sin ver la ventana de Ale o sin ver a Bárbara en clase, sin salir por las tardes con Diego o jugar un partido los viernes y domingos, ha sido el año en que  habéis estado lejos a la vez que cerca, habéis estado ahí, como siempre.

19. Ha sido el año de las alegrías, el año en el que el madridismo se desató con el gol de Bale en Mestalla y el año de Lisboa, de las lágrimas y la madrugada en Cibeles, de la ansiada Décima y las celebraciones, ha sido el año del Real Madrid, un detalle que lo ha hecho demasiado especial.

19.  Dicen que el día de tu cumpleaños es tu día, es el día especial en el que todos celebran que naciste, que estás con ellos, pero para mí es el día de todos, porque siempre digo que uno no puede nacer grande, que a mí me hacen grandes los que están a mi lado, los que siguen en mi camino, los que me levantan cuando me caigo, los que me sonríen cuando lloro y los que me dan un abrazo o una buena hostia cuando la necesito. Es el día de daros las gracias por vuestros “Felicidades” pero también para daros las gracias por lo que sois, por quienes sois y por lo que me habéis hecho ser, porque no sería nada sin vosotros, sin mi familia y mucho menos sin mis amigos.

19. Sabéis perfectamente que os merecéis un párrafo, qué digo, un libro para vosotros solos. A ti, Ángel, mi compañero de viajes, ¿quién me lo iba a decir? Que estaríamos codo con codo en la Capital, que te vendrías a Cibeles ese día tan especial, que estaría a mi lado como siempre lo has estado. Y a ti, Ale, cada año me quedas con menos palabras, cada año eres único y te superas, cada año me siento más orgulloso de presumir del hermano mayor que tengo.

19. Y vosotras también os merecéis mención, Bar, eres muy fuerte y muy especial, gracias por estar ahí toda la vida, por compartir penas, alegrías, poemas y canciones, y gracias a esa pedazo de madre que tienes, a la gran Tita Toni, que nos acoge, nos cuida y nos aconseja, gracias por ser como eres y espero que no cambien nunca.

19. También es un día para acordarme de los que se fueron, de mis dos ángeles de la guarda, esa parte de mi alma que se fue pero sigue cuidándome allá donde esté, esas dos personas que me enseñaron a vivir e incluso a contar.


19. Y, finalmente, lo siento por quitarle el protagonismo a Jesucristo, pero gracias a todos aquellos que dedican un solo segundo en mí, malo o bueno, pero un solo segundo, porque soy alguien en la vida por quien tengo a mi lado, y así otro año más.



Un año más grande, un año más nuestro. Gracias. Vosotros sois mi magia.





lunes, 22 de diciembre de 2014

La magia de la vida

La vida avanza a pasos agigantados sobre el desierto en el que pintamos corazones sobre la arena, corazones que nuestra propia tormenta hizo desvanecerse, corazones que no duraron tanto como parecía que durarían. Pero la vida sigue caminando por esos caminos donde antes estaba todo pintado, construido, en sus correspondientes pedestales, donde ahora todo está derruido, donde solo hay polvos y sombras, que recojo a mi paso para las lecciones que debo aprender para mi futuro dorado.

La magia siempre está presente, en cada rincón de cada lugar, en cada mota de polvo, en cada resto de lo que fue y de lo que pudo ser a lo largo de todos mis interminables días. Y es esa misma magia la que me acompaña en cada paso que da mi vida, la que enciende la luz cuando los túneles son oscuros, la que mueve mis pies sobre las aguas que ahogaron a todos los que intentaron atravesarlas nadando, la que ahuyenta los cantos de sirena y despeja mis dudas en todos los momentos de incertidumbre.

Es esa magia la que un año más ha vuelto a sorprenderme, para variar. Pero, ¿qué es la magia? No es lo que sale de las varitas, no es lo que sale de las manos de los brujos, tampoco es hacer desaparecer una cuerda o cortar a una persona a la mitad, al magia son detalles, son hechos, palabras, y todo ello lo reúnen las personas; la magia está en las personas, la magia son las personas, no la crean, lo son.

Cada caída es magia, magia que puede provocar una sola persona, magia negra, oscura o como quieran llamarla, pero cada vez que nos levantamos de nuevo, es la magia de todos aquellos que agarran nuestros brazos para ponernos en pie. La magia no se busca, se encuentra, llega, surge, aparece, pero no se puede pedir magia a esas personas que no están destinadas a tenerla en nuestra vida. No podemos exigir aquello que no damos. La magia surge del respeto, el aprecio, la amistad, la tolerancia y la fidelidad, miles de detalles que hacen a unas personas dejar huella en la vida de otras y no ser un obstáculo más en el camino, y ahí, justo en el momento en el que la huella pisa el corazón y el alma, surge la magia, la mayor de todas, esa yo no esperaba y que jamás he pedido. Nadie tiene la fuerza para hacer magia en otro simplemente con la voluntad, son detalles que hacen a alguien especial, y la puerta está abierta.


Después de todo, es su magia lo que cada persona deja en nosotros.

martes, 2 de diciembre de 2014

Empty throne

Abandonado, caído, despojado de sus lujos, respirando por un favor de las hadas, así es como terminó aquel rey, aquel que dominó su reino durante años en paz y tranquilidad. Todo iba como debía, o mejor dicho, como él quería. El flautista volvía de Hamelín solo para deleitarle, los juglares le adoraban en todos su poemas, las hadas revoloteaban a su alrededor cuando salía de Palacio, era todo una utopía jamás contada.

Todo puede cambiar en cuestión de segundos, todo excepto la hipocresía de un hombre, eso dura toda la vida, y cada hombre muerto es una prueba de ello, cada segundo de su vida ha estado dominado por la mayor de las hipocresías que pisaron la Tierra. Cada hombre puede llegar a superar al siguiente, es cuestión de generaciones, pero solo los más listos sobreviven. Tuvo cerca a todos los que ahora ha transformado en sus enemigos, tuvo todo lo que podía desear, unos siervos fieles, unos amigos que le daban consejo y unas tierras por donde podía pavonearse delante de todo el mundo, hasta que tocó el botón que no era.

La avaricia rompe el saco, y puede romper el equilibrio en la vida de una persona, puede subirle a lo más alto de la más alta torre y estar custodiado por un dragón y también puede encerrarle en la más gélida mazmorra de palacio hasta que llegue el día de su ejecución. Todo aquello a lo que le dedicó tanto odio, todo aquello en lo que jamás creyó, fue todo aquello en lo que acabó convirtiéndose.
El rojo de las cortinas se tiñó de gris, las velas apagaban según avanzaba por la alfombra, que antes era roja y ahora no se distinguía en el propio suelo, las flores se marchitaban y la oscuridad invadió todos los rincones del palacio, incluso el alma del rey. Loco, el rey loco, demasiado halago, solo, mejor el rey solo, solo, él y sus circunstancias, todo aquello que consideró necesario y mantuvo a su lado después de echar de su vida todo aquello que le hizo feliz y todo aquello a lo que dedicó tantos años.


Un simple detalle, una simple tecla incendió su reino, los guardias le dieron la espalda, sus consejeros se fueron uno a uno. Solo uno, uno de ellos aguantó hasta el final, esperando la mañana en la que el rey saliese de su letargo para volver a gobernar, para pasear a caballo, cazar y reinar allá donde no llegaba su vista, pero el tiempo pasó y la barba creció, y el consejero más fiel miró por última vez hacia atrás, en la misma puerta de palacio para ver el paisaje más desolador que jamás hubo en el reino, un trono vacío, con un viejo descuidado en su salud y su higiene, allí donde gobernaban las palmas y las risas había un trono vació, porque ese rey ya no era nadie.


Su reino le devolvió lo que él les dio, nada.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Tú y tu realidad

No sé qué clase de sentimiento puede llegar a rondarme alrededor de los pedacitos de piedra que he quitado de mi corazón.  Desde esa carta a mí mismo que me llegó hace tiempo, desde ese momento que decidí dejarme sentir, romper el hielo del que estaba hecho, ahí, en ese punto de inflexión empezó todo.

No sé si es indiferencia, asco o algo parecido a la repulsión, pero ahora mismo no me puede salir nada bueno al teclear, al escribir, al pensar y al hablar de ti. Tú, que te has creído lo que no eras, que crees que puedes engañar al más listo, que confías demasiado en lo que tú llamas labia. Todo fue demasiado rápido dentro de mí como para darle importancia pero la tolerancia y la paciencia están muy limitadas en lo que viene siendo mi persona.

La hiena, así te llamé una vez y puedo volver a hacerlo, hiena, fantasma, algo parecido al ser humano más ruin. Yo, con mi pasado, con mis golpes, con mis jugadas, al que pusieron cuernos y tridente, creía que nadie podía hacer lo que yo hacía, ni tan si quiera superarlo, pero veo que justo en el momento en el que decidí dejar el infierno debajo de mí, cogiste el relevo.

A todo el mundo le enseñar a ser una persona, no un perro en celo, y creo que todavía no te ha quedado claro, aunque a veces me planteo cómo serías en el origen, antes de todo, en alguna de tus reencarnaciones, aunque a lo mejor seguías siendo una hiena, un buitre, la carroña de todo lo viviente. Hacía tanto tiempo que no pronunciaba mi palabra favorita, esa que hace tanto tiempo que ni si quiera escuchaba, esa que me habían llamado a mí tantas veces por ser como soy, esa que el más grande de los grandes reiteró sentado en su silla favorita, esa palabra que llena mi boca y mi alma cuando la pronuncio hacia alguien. Hipócrita, esa es la palabra, y no creo que haga falta la RAE, porque un espejo te mostraría la definición perfecta de ese concepto que, viéndote, no creo que sea la primera vez que escuchas.

No es odio, porque para mí, odiar a una persona es darle demasiada importancia en mi vida, que sea objetivo de mis malos pensamientos significa que hasta en ellos puede llegar a estar, en mi memoria, pero claro que nunca estará en mi corazón, demasiado limitado de espacio y difícil acceso.

Supongo que podría actuar como tú y darte una lección, pero ya guardé el tridente y los cuernos a buen recaudo, por si alguna vez tienen que volver, y si lo hacen no será por alguien tan insignificante como tú, no tengo intención de rebajarme, quiero ser alguien para quien quiera que lo sea, por méritos propios, por mi forma de ser tan difícil de llevar hasta por mí, no por creerme ser alguien voy a serlo, aprende hiena.


Sin máscara a lo mejor empiezas a ser alguien, aunque fuese una hiena.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Lecciones de vida a la que jamás la conoció

Otra noche oscura y de velas apagadas, otra noche de esas de las que jamás supo cómo llegó a aquel lugar, a aquel momento.  Otro juego con la muerte antes de dormir, otro paseo por las calles de la Ciudad Eterna, de esos que siempre le hacían reflexionar sobre la vida, sobre su vida pero nunca sobre su pasado. El pasado le hacía demasiado daño como para aguantar una puñalada en forma de recuerdo.

Otra de esas mañanas en las que pensar era su trabajo, de esas en las que el mundo que hay al otro lado de la ventana se ve mejor que nunca, con el Sol brillando arriba sobre cada monumento de la ciudad. Otra vez sin recordar nada, sin memoria, pero con el sentimiento de orgullo a flor de piel, con los pelos de punta y la piel de gallina cuando el Sol pasaba el cristal e iluminaba sus ojos verdes.

Volvió a vestirse, con su mejor ropa, el traje que tanto le gustaba, impoluto, sin ninguna mancha ni rasguño de ayer, la corbata morada y esos zapatos de su padre. Elegante, por dentro y por fuera, era el perfecto resumen. Cada paso reforzaba su apariencia, cada paseo alimentaba sus pensamientos, cada vuelta al anfiteatro era una velocidad más, cada paseo por el foro era un viaje en el tiempo.

La muerte se escondía entre las ruinas, detrás de las piedras, en su sombra y en la de los demás, y una vez más había acudido a él, en su busca, tal vez fue para ayudarla o para llevárselo, pero no lo recuerda. De nuevo el suelo se había abierto una noche más, había caminado entre el fuego y las llamas con su traje puesto y su elegancia en el bolsillo.


Otra vez había salido ileso, sin saber cómo ni por qué. Pero la muerte seguía escondida noche tras noche y día tras día entre todos los rincones de su alma esperando a la noche para volver a pedirle su ayuda, para volver a escuchar sus consejos, para aprender de la vida, lo que nunca tuvo, para conocer a los vivos…


Simplemente, para dar un paseo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Devil Inside

Todo tiene su final y este ya tocaba. Han sido unos años muy bonitos, no lo puedo negar, unos años preciosos en los que has ido amontonando mierdas una tras otra siempre desde tu papel victimista de buena persona después de tus infinidades de defectos, y yo como buen imbécil he perdonado y olvidado cada uno de ellos con la única esperanza de que tú hicieras lo mismo, pero no es así, se salía de tu burbuja en la que estás sola. Harto es la palabra.

Mi pasado siempre me juega una mala pasada, esas tonterías y errores de los que tan orgulloso me siento, pero han pasado cuatro años nada menos y las personas a las que más daño he llegado a hacer siguen a mi lado, hablando a diario dedicándome una sonrisa que me puede alegrar la vida. Pero tú no, tú eras la rata de la cloaca que se escapaba de todo, la culpa de no salir de tu burbuja es tuya, asúmelo de una vez, no todo es como uno quiere y si no lo son los pequeños aspectos de la vida, no lo van a ser las personas, que es lo más grande que hay en la vida de los demás. Fuiste el alma de la fiesta, de mi fiesta, rodeada de todos aquellos a los que te gustaba hacer feliz y así tú lo eras o eso decías, pero te fuiste, desapareciste, y tuviste mil oportunidades para remontar el vuelo, pero estar solo no es casualidad. Hay que aprender un poco a respetar a las personas y a olvidar como los demás olvidan y perdonan lo que tú les has hecho, porque tú nunca has sido un ángel, nunca has sido un modelo de ser para nadie, ni yo tampoco, pero  yo lo asumo. Hay que aprender a informarse antes de publicar un artículo, hay que contrastar fuentes e información antes de soltar tanta mierda por tu boca que tus disculpas y tus lloriqueos pierden mucha credibilidad.

Hay que respetar cada concepto de persona que exista en este mundo ya que te respetan a ti, respeto, no sumisión. No puede salir el Sol cuando tu pones las nubes, porque en el fondo, si haces memoria sabes perfectamente que siempre han estado ahí tus nubes, que las mías desaparecieron en el momento en el que todo acabó en una piscina y no he vuelto al tema, pero tú sí, no sabes qué hacer con tu presente y sigues en el pasado estancada, una más, fíjate.

He llegado a ser la peor persona del mundo, pero lo asumo. He sido todos los insultos que se te puedan ocurrir, pero yo lo asumo. Yo asumo lo que he sido, pero ahora te toca a ti asumir lo que soy, y lo que tú eras, porque jamás hemos podido hablar en presente contigo y todo tenía fecha de caducidad. Tu tiovivo ha estado rodando cuatro años y no me he bajado de él porque nunca me aburría, siempre disfrutaba hasta que has dado en la tecla, he sido yo el que ha acumulado toda tu mierda y te la he echado encima, ahora estás en el otro lugar. Vive tu vida y deja la de los demás, aunque estén en tu vida, sigue siendo suya, no tuya, aprende de los que te rodean en vez de corregirles tanto.

Has hablado del demonio y le has mirado a los ojos, ese es el papel que siempre me diste y contigo es el único papel que pienso interpretar, no cabe bondad hacia ti porque ya no te la mereces.

Todo se ha acabado, los tonteos, las gilipolleces, ya no tienes credibilidad, tu obsesión ha llegado demasiado lejos y necesitamos respirar, vive tu vida y deja la mía. No mires mis redes sociales, no mires mis fotos, no me hables, no me dirijas una sola mirada en mi ciudad, no me leas, no hagas nada que lleve un me delante así que vive tu vida y deja la mía.


Me pintaste con cuernos y tridente, y eso es lo que voy a ser.






miércoles, 12 de noviembre de 2014

Por una buena segunda parte

Sabía que este día llegaría, y ha llegado, tarde, pero ha llegado. El día en que giro el timón, solo y tarde, pero lo giro. Harto de mirar a las estrellas buscando una nueva fuente inspiración, algo que me haga levantarme a coger pluma y papel de nuevo como hace tanto tiempo. El poeta se fue, hace mucho tiempo, pero ese capítulo de la historia quedó cerrado, tuvo su punto y final y el viaje continúa, pero no en el papel, que ha sido su principal base durante todo este tiempo. Es hora de añadir personajes a esta historia, de tener una tripulación.

Es hora de escribir una segunda parte que, aunque digan que nunca son buenas, supere o se acerque a la primera, a esa historia desenfrenada llena de peripecias y locuras de un soñador que lo sigue siendo. Toca dejar atrás ciertas cosas que los demás denominan como errores, y yo ahora también, pero solo algunas. Asumir de una vez que esa vida ya no es propia para el futuro que espera y mirar un poco más allá de las botellas y mis libros, salir de este encierro y encontrar la Excalibur que rompa la piedra de la que está hecha mi corazón. Descongelar el hielo y apartar las palabras que lo encerraron hace mucho tiempo.

Es el día en el que me he dado cuenta de que aquello que tanto rechazaba, aquel protagonista de tantas cartas de odio, de tantos ensayos de rencor y tantos y tantos libros de fantasía que aún sigo sin creerme, no puede ser tan malo del todo. No es tan bonito como lo pintan las historias, y desde luego la realidad no le acompaña, pero tampoco es tan malo como lo he llegado a contar, como la ceguera de mi rencor lo ha descrito en mi mente y lo ha plasmado en cada una de mis palabras, esas cinco letras que jamás me he atrevido ni atreveré a pronunciar hasta que no lo llegue a encontrar, ese puerto en el que dejar mi barco por una temporada, larga o corta, pero en ese puerto.
Dicen que mirar atrás siempre es malo, que el pasado viene acompañado de sufrimiento y dolor, pero todo ello es lo que lleva a alguien a aprender de sus propios errores, de sus propias experiencias, de su vida al fin y al cabo, y poder poner todo en práctica en el siguiente libro, un libro que no sé cómo empezar, que no se ni por donde abrir ni cómo será su portada. Deja de ser el antagonista para ser un complemento recíproco, un combustible, eso que anima a aquellos que viven y escriben de él a enlazar tantas palabras que lo hacen demasiado maravilloso como para creérselo. Es esa otra palabra que te hace darte cuenta de que hay ciertas maneras de actuar que en su momento fueron correctas pero no adecuadas, o que ni si quiera fueron ninguna de las dos cosas.





Que mi destino firme una tregua con el pasado para negociar el futuro deseado. Pero sin dejar de ser Demasiado complejo para toda la vida.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Hiena

No sabes quién eres realmente hasta que te encuentras a ti mismo, y mientras tanto vas por la vida ocupando personalidades ajenas a la tuya para intentar formarte como la persona que nunca serás.
Una hiena, un ser despreciable que se arrastra entre las piedras y los restos de los demás animales para intentar rascar algo; un crío, alguien que nunca supo lo que es un “NO”, alguien que nunca aprende de sus errores y que sigue enganchado a la doble cara de la moneda.

Si nunca has sido nadie, vas a seguir sin ser nadie. No vas a ser el gracioso, el inteligente o el sensible, tampoco vas a ser capaz de destacar todas esas cualidades en una persona porque nadie es perfecto, y tú menos. Sientes que tienes que ser el centro de atención, sientes que tienes que ser el patrón del circo que tú crees que creaste y sientes que no puedes vivir sin ello y por eso pones todo tu empeño en que la vida sea como tú quieres, y no solo la tuya sino la de los demás.

Cada persona narra su propia historia con sus propios puntos de vista sobre cada una de las vivencias que ha tenido, sin embargo, tú quieres sostener todas las plumas a la vez y se te cae la tinta por todos lados, no sostienes tu propio mundo, ¿cómo vas a ser capaz de sostener el de los demás?
Has idealizado tanto tu forma de ser que no existe ni para ti. No llegas a plebeyo, ¿cómo quieres equipararte a un Princeps? Una moneda tiene dos caras y la vida está llena de decisiones, y no se puede abarcar todas las posibilidades de la vida, “amigo”



Simplemente con que tu existencia sea innecesaria nos basta al resto.

domingo, 5 de octubre de 2014

Magia

Echo de menos lo llantos, esos llantos que y utilizaba para mis ensayos, mis cartas o mis propios retratos en pocas ocasiones. Esas noches de pena, rotas por el rojo del carmín de unos labios demasiado utópicos para ser ciertos, esos poemas y esos recuerdos que ya no hay, y parece que nunca habrá.

Todo héroe, bueno, personaje o como quieran llamarle los guiones, debe tener a su antagonista, a su enemigo, su yang, alguien que sepa romperle los esquemas en los momentos más felices, alguien que piense de una forma tan enrevesada que nadie llegue a comprenderle a lo largo de las páginas; alguien que pone contra las cuerdas al supuesto héroe. Siempre, y es algo que los cuentos nunca cambiarán, gana el bueno, el héroe, el de siempre, gana porque se sobrepone a las adversidades, a las jugadas, tretas y engaños de su enemigo, que acaba en un en un foso de fracaso, desapareciendo, comido por un cocodrilo, caído por un precipicio, o como quieran escribirlo, pero al fin y al cabo desaparece de las últimas páginas. Pero, ¿qué pasa cuando el héroe desaparece?

Nuestro libro tiene que seguir escribiéndose, quieran o no quiera, pero ha desaparecido uno de los principales personajes y me he quedado solo, el malo se ha quedado solo, pero no ha ganado. Ahora, ¿qué hago? El vacío que me invade desde hace tantos años se ha hecho más grande al pensar sencillamente en cuál es la base de mi vida ahora que no tengo nadie que rivalice con ella. Todas la historias que tienen como resultado esa palabra de cinco letras, ese sentimiento tana artificial y real a la vez, ya han sido contadas, todas menos la mía. Mi camino deja de cruzarse en el de los demás con el objetivo de hacerlos retroceder, dejo de ir en perpendicular para trazar mi propia línea, mi propia historia en paralelo.

La memoria es algo que desgraciadamente nunca me falla, y recuerdo cada maldita piedra que se ha cruzado en mi camino cada vez que he pensado en enderezarlo y seguir de frente, y es por eso que el muro es demasiado grande como para que otros lo escalen. Sin embargo, no hacen falta máquinas, monstruos, ni héroes para intentar derribarlo, simplemente he llegado a la conclusión de que solo la mayor de las magias puede hacerlo, esa magia que me rodea constantemente, que la veo pero no la siento por mucho que lo desee y al final he acabado considerándola una enemiga, ese impulso que me ha empujado contra ella una y otra vez cuando ella debería haber sido ese maldito impulso que me hubiera hecho llegar a alcanzarla, esa magia es la que debe derribar el muro.
Mi viaje no acaba, aunque sí que lo hace este capítulo; mi historia no acaba, porque hay más puertos en los que atracar. Simplemente mi viaje cambia de objetivo, que no de destino, que siempre ha sido el mismo, el de mirar por mí mismo y salir beneficiado una vez más para encontrar ese equilibrio que me trae de cabeza. He girado el timón, he visto tierra y voy hacia ella.



Simplemente quiero encontrar esa magia

sábado, 4 de octubre de 2014

Capitán a la deriva

A la deriva y con la mejor compañía, así mandan los barcos en el mar. Después de 18 años a la deriva, uno se acostumbra a la mar y a sus secretos, a los barcos encallados cuyas piezas arrastran la corriente con más de un corazón roto.  Dice ese famoso dicho de piratas que “el capitán es el “último en abandonar el barco”  y no faltaría menos con un barco como este. Los Siete Mares nunca fueron una leyenda, el triángulo de las bermudas tampoco, ni la hidra, ni el basilisco, ni si quiera las sirenas porque la vida y el viaje son muy largos hasta llegar al puerto adecuado, hasta echar el ancla por fin y pisar tierra firme. Pero no solo existen los espejismos en el desierto, no es la luz del Sol la que los crea, es el deseo, el objetivo, el ansia y la mete, no tienen mejores sinónimos, es la propia mente humana, esa que es la única que piensa, esa que pregunta cuándo acabará esto, la que está harta de los achaques y se cansa del viaje.


La mente no puede llevar el timón, el timón es del capitán, de su garfio, de su pinza o de sus manos, del verdadero artífice del viaje, del gran tripulante del barco. Es todo lo que más se anhela después de pasar tantos años cruzando las aguas desconocidas del mundo, observando como las sirenas ahogaban a los marineros, o como el Kraken los remataba debajo del agua, como las propias piedras o la mismísima marea acababa con los mejores barcos jamás construidos, con aquellos curtidos en mil batallas, con la armada invencible o con el Jolly Rodgers. Muchos llevarán viajando lo mismo que este viejo barco, otros llevarán más, unos mejores y otros  peores preparados pero siempre se acaban hundiendo en las aguas, en el averno o en fin del mundo, aquel que duele más sentirlo que pensarlo, aquel que se piensa y se teme más que se siente, y ese es el gran beneficio del pirata. Pero solo un barco hundido, uno solo, es capaz de resurgir entre las olas, de levantarse una y otra vez de sus ataques, solo aquel capaz de creer que el puerto adecuado existe es capaz de seguir navegando. Son las leyendas que cuentan los marineros aquellas que dicen que Barba Negra bebió la copa equivocada, que Garfio se dejó caer ante el cocodrilo, pero ellos no eran los capitanes de este barco. La lección quedó aprendida antes de zarpar, simplemente valía observar. Un cofre, protegido, y dentro, el mayor de los tesoros, el mejor de los recuerdos, el alma, la vida, los sentimientos, el corazón del capitán de este barco, este que se hunde y se levanta porque no siente los golpes después de tantos, este que aprende a llevárselos no con gusto, sino con astucia. Los golpes en la proa, en la popa, por babor y por estribor, ya no duelen, se almacenan en la memoria, una memoria constante que recuerda su idealizado puerto, pero que nunca llega a sentirlo, un delirio que acaba comparando cada puerto con aquel que pensaba desde el principio y por eso sale perdiendo. Por eso el cofre sigue encerrado y bajo llave, la de la sala y la suya propia, la que cuelga de mi cuello, la que no se separa de mí y la que espero dar, regalar, antes de tirarla al mar. Porque todo parece tan malo, vil, y cruel desde fuera, desde el agua y desde el puerto, pero si no te subes al barco no sabrás lo que es capitanearlo, lo que duele hundirse a pesar de mover el timón y las velas con todas tus fuerzas. 



Y esa es la carga del Capitán del Holandés errante.

domingo, 7 de septiembre de 2014

The Enemy

En la taberna de la locura, donde la mejor bebida es un chupito de cordura o un tiro en la cabeza después de una partida a los dardos.  Allí donde todas las caras son conocidas a la vez que diferentes cada noche, el lugar menos indicado para el anonimato. Donde crecen las judías hasta las casas de los gigantes, donde el auriga deja descansar al caballo negro, donde Garfio tiene las dos manos, donde Javert coge a Val Jean, donde todos nos reunimos para hacer un pequeño sueño realidad. Allí donde el tabernero es Stromboli, la cantante Maléfica y la bailarina, el Rey Juan.

Todas las mesas ocupadas con todos aquellos fracasados en su intento de imponer sus ideas, ya sean perversas o no, pero siempre beneficiosas para su causa, su personalidad y pocas veces para su tripulación. Mesas compartidas, compartidas por aquellos que intentan buscar una solución a sus problemas detrás de las jarras y los cigarros, donde por un momento el alcohol les hace pensar que han ganado y que ni si quiera están allí.

Llega, Madame Mim, llega Ratigan, llega Gastón, llegan todos. Todos comiendo, fumando y bebiendo, y eso siempre, hablando y riendo como locos que son. Juntos, unidos por sus causas aunque la de cada uno les importe menos que la vida de la persona con la que comparten mesa.
Solo una mesa está sola, ella y su ocupante. Solo, triste, alicaído, lúgubre, como el museo. La soledad a veces, es por desgracia y otras por casualidad. Firmes defensores de la personalidad, aquellos que adulamos a esa persona que defiende su burbuja y respeta las otras, aquellos que marcan los pasos de sus ideales pero que nunca los imponen, aquellos que defienden su bien ante el de todos, déspotas ilustrados. Puede ser que respetar el resto de burbujas sea la verdadera magia.


El ocupante de esa mesa no tiene un nombre concreto, no tiene un objetivo propio, e incluso a veces carece de personalidad; simplemente llega el primero y se va el último, sin articular palabra, jarra tras jarra con un simple chasquido de dedos. Pero es él el que elige esa mesa, es el que solo ve enemigos en todas partes. La oscura esquina solo está habitada por su oscuro habitante, aquel que no permite que se le dirijan, ni con educación ni sin ella, aquel que solo ve daño en los demás, agujas que pinchan su burbuja, enemigos a babor y a estribor, aquel que está solo pero un día, cuenta alguna leyenda que chapurrean los juglares que estuvo acompañado. Dicen que conoció mundo y mujeres, amigos y amigas, el sexo y las drogas y todo demasiado rápido; dicen que disfrutó al máximo de todo para centrarse en una sola cosa, mientras las demás desaparecían como el vaho en una mañana de invierno cuando empieza a calentar el Sol. Ahora, después de todo, nadie le habla, nadie le mira, nadie le conoce ni quiere conocerlo, pero tal vez y solo tal vez, algún día se dé cuenta de que de todos aquellos por los que está rodeado, de todos aquellos de los que sospecha, esos que ríen y disfrutan, de todos ellos; su peor enemigo…





...Sea él mismo...

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Colores en el viento

No se puede agradar a todo el mundo si el objetivo primero es agradarse a uno mismo. Los camaleones pueden cambiar de color, su piel, pero no pueden cambiar lo que llevan dentro, sus órganos, su esencia…  Se puede cambiar de ambiente, de bebida, de libro que leer, de novio o mujer, pero cambiar a uno mismo es algo que cuesta, tiempo y ganas, y, como ya dijo Churchill en tiempos difíciles, sangre, sudor y lágrimas.

Una persona, una experiencia o un mísero segundo pueden ser el motivo por el que una persona decida cambiar, pero eso no significa que lo vaya a hacer. Pero o antes o después, siempre llega el momento en el que una persona, después de haber sido juzgada por aquellos que saben y por aquellos que no saben, junto a aquellos a los que les es indiferente, llega ese momento en el que hay que juzgarse a uno mismo.

Nadie determina la felicidad que una persona más que uno mismo, nadie conoce mejor sus limitaciones más que uno mismo y nadie tiene más determinación o seguridad en su persona que uno mismo y es por eso que para poder agradar a los demás, hay que agradarse a uno mismo primero. Se predica con el ejemplo y alguien que no es feliz, no puede llenar en otro el vacío que vive en él mismo.

Se puede ir de un lado para otro, se puede querer a una persona o a otra pero no se puede vivir en constante cambio. No se puede tener solo amigos en esta vida o en este mundo, por desgracia, claro está. Sea como sea una persona no va a ser del gusto de todos, todo está demasiado polarizado e incluso los tonos intermedios de la escala de la personalidad son demasiados contrarios como para complementarse completamente.


Hay que mantener cerca a los amigos pero aún más a los enemigos; ese dicho está bien y es inteligente y consecuente con lo que pueda pasar con cada uno, pero agradar a un enemigo para mantenerlo cerca conlleva a traicionarse a ti mismo, y por ello los camaleones acaban peor consigo mismos que lo que pueden llegar a pensar cuando cambian de color. 


Siempre es mejor ser blanco o negro que el arco iris.

domingo, 31 de agosto de 2014

Iustitia, iustitiae

Nacimos para aguantar lo que el cuerpo sostiene, aguantamos lo que vino y aguantamos lo que viene. Las guerras han devastado continentes, naciones, ciudades, personas, vidas llevadas bajo un casco y detrás del arma. Pero el desamor hace una herida peor que la bala.

No dudo de la capacidad del Kaiser, y mucho menos de la del Zar; tampoco de la de Hitler o Churchill, pero la mayor de las batallas se lleva a cabo en el corazón de un hombre cuando se pierde en su vida. El corazón es el órgano central, el esencia, el que manda, el que controla todo, el que bombea, el que siente y el que da vida pero a veces puede quitarla.

Un corazón maltratado y con estrías se arriesga a pisar a la muerte en cada uno de sus bailes y por eso quiero de dejar de bailar tangos de amor con ella. Un corazón pequeño, de piedra, de hielo e incluso inexistente he oído llamar, pero sin duda son aquellos que no conocen los que tienen menos reparo en hablar. Palabras como balas y frases como cañones, simplemente se han basado en los juicios del pasado para hacérmelo pagar en el presente, pero no existe mayor castigo que el que me impongo yo a mí mismo.
Jamás se me ha ocurrido pedir la Luna en ninguno de mis viajes, tampoco creo que nadie tenga derecho a pedírmela. Pero ha llegado el momento en el que soy yo mismo el que me pido la Luna, el que quiere lograr de una vez esa meta inalcanzable que mis dedos han llegado a rozar varias veces pero con el fracaso como resultado. Alguien con quien poder contar, alguien con quien despertar, hablar, compartir experiencias y encontrar ese maldito punto intermedio que tanto me cuesta encontrar.

No quiero blanco o negro, quiero gris. Solo una persona capaz de entender a otra es capaz de hacerla feliz solo con una simple sonrisa, un simple gesto e incluso sin querer, pero por mucho que dos personas intenten entenderse, arriesgar puede significar perder, perder y volver a perder; y después de aguantar tantas derrotas, es mejor realzar el vuelo y salir del descenso.

Puede que no sea una forma de pensar o de sentir justa pero es la manera de ser feliz de una persona la que verdaderamente determinará el contagio de su sonrisa. No debe sonreír uno, sino los dos; no debe disfrutar uno, sino los dos y mucho menos puede amar uno, sino los dos.




Y si esto no se puede llamar justicia, me declaro culpable.

miércoles, 16 de julio de 2014

Guilty mind. For what is a man, what has he got?

El corazón es el órgano que decide cuando se vive y cuando se muere cuando se vive y se deja de sentir, pero es la mente la que consigue que te hagas el muerto o que parezca que estás enamorado, y ahí tengo que felicitarte.

No eres un rival digno, no eres una persona honrada pero perfectamente sabes cuales son las reglas de este juego en el que todo vale.  Nadie se hace grande sin los que le acompañan a su lado, y por eso siempre fuiste el más bajito. ¿Quién te mantea o te sube a hombros? ¿Tu corazón? ¿Tus rimas? Ni lo sueñes.
La vida es esa serie de sandeces que acabas recordando con cariño y las llamas recuerdos, cada segundo, cada sonrisa y cada lágrima, cada una de las letras de tus versos es un recuerdo inolvidable de una historia de amor inventada, un victimismo antinatural propio del más digno de los estafadores, el estafador del corazón. Se llama burdel y no castillo, preservativos y no carmín, whisky y no ron, culpabilidad y no humo, y así describiendo cada una de las partes de tus vulgares despertares más propios de un alcohólico que de un enamorado.

La mente del ser humano puede ser tan maravillosa que es capaz de crear tantas mentiras para esconder la verdadera verdad que se acaba olvidando de esta última para adoptar a las mentiras como una realidad, y siempre que lo haga tu mente, la harán la de los demás. Pero existe un simple problema…el mundo real, el que se sale del papel, el que son edificios, calles, peleas, alcohol y drogas, el que te da un puñetazo de vez en cuando para mostrarte que tu mundo es el hazmerreír del resto, que ni Andersen haría un cuento con eso.
La triquiñuela del disparo en la orilla ya ha dejado de funcionar, las noches de Luna y clavel ya no son lo que eran. Y cuando el fin se acerque, no tendrás el valor para correr la última cortina. Amigo, claramente, has elegido los pasos que querías dar, has vivido tu vida de idiota y has viajado por todas las autopistas, eso sí, siempre a tu manera.

Tendrás muchos arrepentimientos, pero jamás querrás destapar tus mentiras y siempre creerás haber hecho lo correcto, lo que seguía tus planes, y aquello que tan bien te ha salido a lo largo de tu camino. Pero si recuerdas, hubo un tiempo, que seguro que recuerdas, que mordiste más de lo que masticabas, que elegías todo ante la duda, que te pasaste del límite y dejaste de ser tú mismo.





    Te convertiste en lo que eres ahora, pero eso sí, siempre…A tu manera.

Just time

Sigo sin entender qué clase de magia tiene el tiempo para colocar cada cosa en su sitio, para curar la mayoría de las heridas y pasar tan tranquilo por la vida de los demás. No el tiempo del Sol, la lluvia y el viento capaz de mover a los mayores navíos de la historia capitaneados por piratas vulgares ocupados por marineros de agua dulce, no, ese tiempo no. El tiempo de la vida, el de los años, el de los milenios, el único capaz de contener la respuesta del origen del ser humano. El padre tiempo, creado por la mitología, una figura que controlaba todo desde su reloj de arena, sentado en su trono con su larga barba y su enorme bastón de madera, gran figura. El tiempo es un padre de verdad, el tiempo está desde nuestro nacimiento, durante todo nuestro viaje, desde los días de lluvia hasta los días debajo del Sol cegador.

Todos queremos a ese compañero de viaje, de aventuras, esa otra espada en la batalla, ese amor imposible, menos el del poeta que se ve que últimamente le late todo más rápido de lo normal, no hace falta buscar, no hace falta mirar de lado a lado, simplemente hay que vivir a ese compañero de viaje porque es el que nunca va a separarse de nosotros. Todo es un ciclo sin fin, ese que lo envuelve todo, es el tiempo, es el que ha visto nacer a nuestra especia, es el que ha visto a Napoleón crear su imperio, a Hitler perder otra Guerra, a Putin invadir Ucrania. Es el mismo tiempo el que ha curado cada una de las heridas que nos han provocado física, psicológica y sentimentalmente.

Unos aman al tiempo por devolverles las ganas de vivir, otros matan el tiempo para que pase más rápido, y otros le imploran que se detenga. Es el tiempo el que seca las lágrimas cuando se ha ido el príncipe azul, y también es él el que trae otro, otro y otro, hasta que llega el último día, el día en el que el príncipe azul no está, y si está, nos alejamos de él para siempre, ¿o no?



Si el tiempo cura todas las heridas, y un clavo saca otro clavo... ¿El tiempo es el príncipe azul?

domingo, 15 de junio de 2014

Sin pulso, sin ganas.

Querer algo como nunca se ha querido antes, simplemente por ser natural, por no tener que andarse con cuidado para realizar cualquier movimiento en el tablero. Poder dejar la vida pasar, poder despreocuparse y vivir la vida sabiendo que dos miradas se cruzarán en un punto fijo. No necesitar salir a buscar la Luna cuando no está, poder hablar sin primero pensar. Todas las sensaciones del mundo dentro del órgano vital, ese mismo del que dependen todos, por algo será que la responsabilidad de los sentimientos se le achaca a él. Puede ser que sea mucha tarea y necesite un descanso, un tiempo de soledad para poder respirar, unas vacaciones en el Caribe para poder funcionar correctamente como buen trabajador.

Menudo discursazo. Aquí las cosas van como a uno le da la gana. Si a alguien le hacen daño, no creo que vaya a andarse con tropelías y romanticismos para conquistar más princesas, a menos que seas el gran poeta de las corduras, y tengas más adjetivos que pelos en la cabeza, capaz de formar una frase llena de adyacentes para caer otra vez en el desamor, la pena, el alcohol, el tabaco, el humo, el carmín en la almohada, el perfume en las sábanas y la pena en el alma. El mundo nunca se ha movido por los llorones, y mira que está lleno de ellos, el mundo lo mueven los soñadores, los genios, las personas de acción, los que no se paran para ver la vida sino que es la vida la que debe pararse para recordar si han pasado por allí. Las lágrimas ahogan y las risas activan.
 Pero ahora el poeta es feliz, ya no sufre, ya no llora, aprovechó su oportunidad, claro, la única que se le presentó y aunque no lo parezca, de mala gana. Ahora vivimos en el País de las Maravillas con más cabeza que la Reina Roja, un personaje donde los haya.


Hay que buscar, correr, volar, cacarear, porque esa palabra de cinco letras que ni me atrevo ni me gusta pronunciarla no es un regalo, aunque puede valer más que eso. Incluso los corazones maltratados y sin estrías nos creemos esas historias tan bonitas que salen en la caja o en las cartas y los libros con la última esperanza de que si nuestra búsqueda termina, nos acaben encontrando.


Basta con tener los pies pegados y en el suelo.

domingo, 18 de mayo de 2014

¿Change or changes?

Una vez dije, y lo mantengo, que es la seguridad con la que realizamos nuestros actos lo que marca el camino de sus consecuencias. No se puede cambiar la forma de ser de una persona de un día para otro con un ramo de flores y un par de palabras bonitas. 

No puedo intentar sacar a una burda prostituta de burdel donde se ha criado desde que su madre la abandonó en la puerta cuando solo tenía un par de años. No puedo intentar que deje de mirar lascivamente todo lo que le rodea, su desconfianza hacia el mundo, imposible.

No podemos cambiar los hechos, y mucho menos los actos que forman dichos hechos, tampoco podemos cambiar las consecuencias. Las consecuencias son algo que, se piensen o no, suceden después de realizar el acto del que tan orgulloso nos sentiremos después, por lo que ya es demasiado tarde para cambiarlo todo.
Tampoco se pueden cambiar los versos de las estrofas de los poetas, esos poetas enamorados de lo imposible que hace dos rimas con una guitarra en mano que día a día se va transformando en un laúd, al igual que ellos en bufones del reino. Siempre en el centro de la plaza, con su laúd, feliz y dando saltos, contando hazañas de héroes y lo peor de todo es que se creen que son esos héroes, a pesar de tener una vida llena de desgracias absolutas y también bastante merecidas. Buscan a su princesa, una adorable rubia con los pechos bien desarrollados, los ojos azules o verdes, dinero en mano y en bolsillo, y que les espere eternamente en el balcón de su palacio de cristal, lleno de reflejos de su poder. Quieren alguien utópico que les espere eternamente porque cuando lleguen de aprovecharse de las pobres a las que se le caen las bragas con sus dos burdas rimas seguramente copiadas de cualquier libro.

Una vez me hablaron de una humanidad unida, una humanidad que valía todo por encima de cualquier bandera, nación o sentimiento. Eso me lo quiso colar un filósofo barato que seguramente acabe por las calles de cualquier suburbio pidiendo asilo, comida o trabajo. De la humanidad me habló un humano, un humano como otro cualquiera, un humano que defendía el valor una sola vida  por encima de todas las demás pero que no tenía ningún reparo para dañar una sola vida humana para beneficiar la suya. ¿He ahí la humanidad? Podrán hablarme de humanidad todas las personas sobre la faz de la Tierra, pero lo único que veré serán palabras, palabras y mentiras, el mayor y primer vicio del ser humano. Y sobre y por encima de todo, veré humanos, personas individuales con estandartes romanos con sus figuras y banderas, desde una cruz gamada hasta una banda morada debajo del amarillo, no serán más que símbolos, símbolos que muestran que sí, irrefutablemente, los humanos existen, los humanos son los que estamos aquí, pero no hay humanidad en ellos, no existe un solo humano, y de verdad quisiera creerlo, que prefiera sacrificar su vida antes que la de cualquier ser; solo los padres y los hijos son capaces de hacer ese acto de valor. No veré jamás un humano que piense dos veces en un acto propio que pueda perjudicarle, será también la primera vez que alguien piense en las consecuencias de sus actos y claro, con ironía y sin egoísmo, actuará según sus intereses. Yo veo humanos, no humanidad, y yo no puedo contar con los humanos.




A las únicas personas a las que podemos cambiar es a nosotros mismos, y hasta eso conlleva un tiempo inmensurable.

viernes, 16 de mayo de 2014

Otra vez el maldito binomio de vuelta a la realidad

¿Lo correcto o lo incorrecto?  Una incógnita que rodea todo pensamiento y acto de una persona segundos, días, semanas, incluso años antes de realizarlo. “La duda ofende”, no: “La duda duele”. Duele como un puñal, duele porque es inseguridad, porque la negatividad se apodera de una sola parte de tu pensamiento y eso, duele.
Una mala situación, una mala racha, siempre acarreamos los errores que vienen muy seguidos a estos grandes tópicos de la historia. No me lo creo.

Napoleón en Waterloo, Hitler en Stalingrado o en Normandía, los republicanos en Madrid, los estudiantes en Tiananmen; y una infinidad de batallas perdidas. No sé qué es lo que se les pasaría por la cabeza a ninguno de los contendientes pero seguro que no era la duda.  Dudas, recuerdos, preguntas, respuestas, pocas veces son para algo bueno. La seguridad del que triunfa es la misma que el derrotado, por supuesto, pero por mucha seguridad, siempre hay alguien que sale perdiendo, y no suele gustarme encontrarme en ese lugar. Claro, es fácil, puedo estar seguro de todos mis actos, de sus consecuencias, de mis maneras, y salir una vez más derrotado de la batalla.
La otra opción sigue siendo siempre la neutralidad, claro, la fácil, la neutralidad no me va a dar una derrota ni los daños que pueda causar esta, pero mucho menos va a darme una victoria. Mientras los derrotados se ven humillados, los victoriosos se ven glorificados; ¿y los neutrales qué?, ¿qué pasa con los neutrales? Absolutamente nada.

Nunca voy a salir de la encrucijada de siempre. Todos los generales me han enseñado que puedes perder mil batallas y ganar la guerra, que seguirá siendo el mayor de los placeres. Es muy fácil decirlo cuando estas curtido en mil batallas y ochocientas guerras, cuando has ganado, sí, pero no cuando has perdido.
Todas las batallas que he librado se han saldado con una derrota aplastante después de mucho tiempo pensando en la victoria, confiando en ella, con la seguridad que da verla tan cerca, ver sus ojos aunque no les gusten a todos, sus labios, sentir sus besos, y toda esas sarta de tonterías del poeta.  Vivo tan aislado de esa parte de la esfera, de ese otro mundo que parece tan paralelo y bonito, ese en el que he intentado entrar una y otra vez sin éxito, esa puerta que su San Pedro, el puto Cupido, no me ha dejado atravesar, ese mismo, ese mismo jodido mundo que pintan tan bien los poetas, escritores y guionistas de películas baratas que echan en las cadenas  públicas los domingos por la tarde.


Las batallas han pasado de ser fuera, las de siempre, con un corazón más duro que la piedra que mantuvo a excalibur hasta que llegó Arturo, una excalibur que sigue clavada y haciendo daño. Todo ha cambiado de repente, ahora nada es fuera, la paz y la tranquilidad reinan,  los pájaros cantas y las nubes dan paso a los rayos del Sol, todo tan idílico que parece que vivimos en el Olimpo. Las batallas de dentro no me hacen daño. Pero, si se pueden librar mil batallas y ganar la guerra, ¿cuándo va a llegar la guerra?, ¿cuándo? Quiero ganar, ganar y ganar, pero nunca sé si llega el momento. Y mucho menos sé si es ahora. No es un “sin vivivr”, no es una angustia y tampoco parece una necesidad, pero es una maldita incógnita que no me enseñaron a despejar en álgebra. Es la maldita solución al binomio de vuelta a la realidad, la solución perfecta, claro, la que llevo esperando desde que cogí pluma y papel por primera vez, por supuesto, todo suena tan bonito cuando golpeo las teclas que puedo incluso creérmelo pero no sé si lo será fuera de esta pantalla.


¿Habrá llegado la guerra?